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Historia

Historia del convento

La fundación de este convento, en octubre de 2009, se hizo adscribiendo a él a los frailes de dos conventos anteriores: el de San Pablo y el de San Gregorio.

Convento de San Pablo

San Pablo de Valladolid. DominicosEl más antiguo, el de San Pablo, se pudo construir hacia el año 1276, por una donación de Doña Violante, esposa de Alfonso X el Sabio, quien cedió los terrenos para su edificación. El provincial de los dominicos obtenía carta de la reina con la concesión de "los terrenos comprendidos entre la Cascajera hasta San Benito". En dicho lugar existía una capilla dedicada a Nuestra Señora del Pino, "por un gran pino que en ella había". Esa pequeña ermita sirvió de iglesia a los frailes quienes edificaron junto a ella su pobre casa "hasta que la cofradía de los pellejeros" compuesta de las personas más notables de la población, y a quien pertenecía la ermita, cedió gratuitamente algunas casas contiguas al Santuario, con las cuales dieron mayor extensión al convento.

En 1286 Doña María de Molina, esposa del rey Sancho IV, favorecía a los frailes predicadores reedificando, con magnificencia, el convento acogido a la protección del apóstol San Pablo. Aunque en su vida comenzó la obra y quiso que allí recibiera sepultura su hijo, el infante Dn. Alfonso, "no pudo acabarlo por la muerte que lo acaba todo". A pesar de ello, hizo testamento donando a los dominicos las rentas que le pertenecían en el portazgo de la Ciudad, para construir la iglesia y el claustro que ella había iniciado.

De regreso del concilio de Constanza (1418), Fray Luis de Valladolid -hijo de este convento- recibió el nombramiento de confesor del rey Juan II. Puso estudio de teología en la Universidad de Valladolid, siendo lector y decano de la facultad.

Años más tarde, en 1463, el cardenal Fray Juan de Torquemada, tío del inquisidor general Tomás de Torquemada, comprendió que "la fábrica y edificios que años atrás se habían comenzado en tiempos de la reina Doña María, eran estrechos y por muchas partes arruinados y la iglesia muy pequeña y por ser de tierra muy mal segura". Trató de renovarla y la levantó desde los cimientos, "muy suntuosos y de fuerte muralla de piedra". Para la empresa recibió préstamos del pontífice Pío II. Muerto en 1468, otro dominico, Fray Alonso de Burgos -obispo de Palencia, confesor de la reina Isabel- prosiguió la construcción y ornamentación del templo que "con la muerte del Cardenal Torquemada quedaba manca". Decidió terminar la obra, "aunque la empresa era dificultosísima por ser lo que faltaba mucho y de muy grande costa y al parecer imposible en muchos años… con todo eso la acabó en pocos y muy pocos años e hizo cuanto en aquel convento hay que ver y estimar: el claustro principal, el sobreclaustro, coro, refectorio, hospedería, dormitorios, capítulo, librerías y otras oficinas con la portada de la iglesia, retablo y reja de la capilla mayor".

Las obras fueron contratadas con Simón de Colonia. El convento agradeció a sus mecenas tan innumerables beneficios cediéndole, para edificar, la mayor parte del terreno del Colegio de San Gregorio, actualmente Museo Colegio de San Gregorio, propiedad del Estado. Al otorgar testamento recordaba, de nuevo, su obra, "otrosí mandamos a nuestro monasterio de San Pablo, cien mil maravedís con que paguen sus deudas e se desempeñen e rueguen a Dios por nuestra ánima". Posteriormente el dominico Fray García de Loaysa, cardenal de la iglesia, levantó la soberbia sacristía, "tan suntuosa sacristía que para iglesia conventual lo fuera".

En el año 1601 adquirió el patronato del convento Don Francisco de Rojas y Sandoval, gran duque de Lerma, quien proponiéndose -al decir de los contemporáneos- emular la obra del Escorial realizó las últimas reformas. Su esplendidez permitió levantar la cubierta de la iglesia a la altura que contemplamos actualmente, adelantando el segundo cuerpo de la fachada introduciendo los escudos de la casa ducal de Lerma, las cuatro figuras de los evangelistas y la repisa de la Virgen, junto con los machones que enmarcan la fachada. Invirtió en las obras una cantidad superior a sesenta mil ducados. Deseaba que el templo sirviera de descanso de sus restos y de su esposa.

La historia de la ciudad relata el ocaso del convento en la primera década del siglo XIX. En 1809 entraron en la ciudad 1.200 soldados franceses de infantería y bastantes de caballería, siendo acuartelados en el convento e iglesia. "El hortelano del convento dio muerte en la misma huerta del convento a un soldado francés y lo tiró al pozo, lo cual motivó que Napoleón decretase la supresión del convento, el secuestro de todos los bienes y la muerte del hortelano, que fue ejecutado. Las mesas de piedra del refectorio del convento se convirtieron en asientos para el Campo Grande y las baldosas las colocaron en las aceras de las calles". Demolido el convento, con su piedra se construyó el antiguo Presidio Modelo, que, posteriormente, sirvió para Academia de Caballería, derruida más tarde. Después de estas destrucciones solo quedaría en pie la iglesia que todavía admiramos por su grandeza y hermosura.

El 18 de agosto de 1835, por disposición del Capitán General de Castilla la Vieja le llegó la exclaustración. Por esta disposición los frailes tuvieron que abandonar el convento. Pocos años después fueron derruidos los pocos edificios conventuales que quedaban, respetándose solo la iglesia conventual. La comunidad fue restaurada en 1893. La imagen de la derecha data hacia 1898; los miembros de dicha comunidad se encuentran delante de la carroza con la Virgen del Rosario, preparada para salir en procesión. El espacio del que disponían los frailes para vivienda era mínimo. Es la razón por la que hubo que adaptar la antigua sacristía como vivienda conventual. Así sigue siendo hasta hoy.

RETABLOS Y SEPULCRO DE LOS DUQUES DE LERMA EN LA IGLESIA DE SAN PABLO


Entre las cuestiones todavía insuficientemente aclaradas del pasado del conventual hay estas dos: el retablo de la capilla mayor y el enterramiento de los duques de Lerma.

LOS RETABLOS DE LA IGLESIA

A tenor de las informaciones que hasta ahora disponemos se mencionan tres retablo o proyectos de retablos.
El primero sería un retablo gótico, de piedra, construido en 1500 por Simón de Colonia, de una altura cuyo tope serían los ventanales góticos que después se cegaron en la reforma del patrono duque de Lerma. Fue costeado por fray Alonso de Burgos, situado en la capilla mayor hasta principios del siglo XVII, cuando comienza el patronato de Lerma. Sin disponer de testimonios fehacientes, se dice que en 1617 fue vendido y trasladado a la iglesia de San Andrés, siendo sustituido por otro nuevo.
“El gótico (retablo) mayor, costeado por el mismo Alonso de Burgos, fue quitado de su puesto y vendido en 1617 a la parroquia de San Andrés, para hacer lugar a otro de orden corintio que construyeron los artífices de la sillería Francisco Velázquez y Melchor de Beya. Costeado por los religiosos, aunque puso en él sus armas el Duque de Lerma. Ignoramos si pereció o si fue trasladado, pero el que hoy existe (1885) moderno y diminuto no corresponde ciertamente a la majestad del templo” (J. M. Quadrado, Valladolid. Historia, monumentos, arte y naturaleza (1885))
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Respecto de esta última referencia, conviene recordar que, vinculado con la casa ducal de Lerma, aparece el escultor Melchor de Beya, dentro del entorno de Gregorio Fernández. Concretamente, en 1610 realiza un expositor para el Sacramento por encargo del duque de Lerma. Luego participará en otras iniciativas vinculadas con el convento de San Pablo.
Todavía en 1613 se habla de un gran retablo diseñado por Gómez de Mora y cuyas esculturas serían de Gregorio Fernández. Tendría tres cuerpos, y parece que no llegó a realizarse.
El segundo retablo se sitúa relacionado con una escritura fechada en 1626 suscrita por los ensambladores Melchor Beya y Francisco Velázquez que debían ejecutar el proyecto en 1628 y con un coste de 3500 ducados. La traza estaba inspirada en el retablo mayor de El Escorial, obra de Juan de Herrera tendría tres cuerpos con 8 santos dominicos en los cuerpos inferiores y 4 pinturas (Nacimiento de Jesús, Adoración de los Magos, Vocación de los Apóstoles y Conversión de San Pablo). Rematado en el cuerpo superior por un Calvario, a cuyos lados figuran los escudos del duque de Lerma. Las pinturas serían ejecutadas por Bartolomé de Cárdenas, “primer pintor de cámara del Duque de Lerma”. Las esculturas correspondían al escultor Diego de Solanes (Cf. Jesús Urrea, “Los retablos de la iglesia de San Pablo”, BSAA (1980), pp. 375-393).
Del último retablo que permaneció hasta 1968, año del incendio y derrumbe de la bóveda de la capilla mayor, existe testimonio de haber sido contratado en 1815, entre las cuentas y “gastos realizados desde el 3 de junio de 1814 en que se nos entregó (el convento) hasta últimos de abril de 1815”. Es el momento de hacer el retablo del altar mayor, retejo de la iglesia y convento y traslado de libros depositados en la Universidad (Cf. AHN Clero regular, Valladolid, legajo 7861). La obra de este retablo se encomendó al escultor Baamonde. Una fotografía incluida en la obra de C. García González de Valladolid, publicada en 1900, certifica que es el retablo que recibe la comunidad al recuperar nuevamente la iglesia en 1893.

 

EL SEPULCRO DE LOS DUQUES DE LERMA

Está vinculado a las cláusulas del patronato sobre las capitulaciones referidas a la capilla, asunto en el que el patrono puso su mayor empeño (Jesús María Palomares, El patronato del Duque de Lerma sobre el convento de San Pablo de Valladolid, Universidad, 1970).
La primera inhumación en esta cripta (debajo del presbiterio) corresponde a la duquesa Catalina de la Cerda. Falleció en Buitrago y fue enterrada en San Pablo el 16 de junio de 1603. La crónica detalla el acontecimiento que supuso su enterramiento y traslado hasta Valladolid. Cuando llega a esta ciudad el féretro se deposita en el monasterio bernardo de Belén. Al día siguiente (para algunos en la misma noche) fue enterrada en esta iglesia de San Pablo, cuyo féretro estuvo acompañado por una larga y solemne comitiva.
En este mismo lugar fue enterrado su esposo, el duque de Lerma, fallecido el 17 de mayo de 1625, siendo atendido por el prior del convento y catedrático de la Universidad fray Baltasar de Navarrete. Como una pieza más de las obras que se realizan durante la etapa del duque de Lerma, está el Torreón de Navarrete, que parte de la capilla mayor y al que se accede por una esclarea de caracol de piedra de sillería, que culmina en la espadaña y campana que sirve de reloj para la comunidad.
El duque de Lerma, don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, había recibido en 1618 el capelo cardenalicio que le concedido el papa Paulo V. Y un año después recibió, en el Oratorio del Noviciado de este Convento, la ordenación sacerdotal de manos del dominico fray Juan López, autor de la Historia de Santo Domingo y su Orden, publicada en Valladolid el año 1613 y obispo de Monópoli. Años antes ya habían sido situadas en la hornacina del evangelio las estatuas orantes del matrimonio ducal. En efecto, en 1617 el duque contrató los nichos para las estatuas que debían situarse a ambos lados de la capilla. En principio serían cuatro (dos para los Duques; otras dos para sus familiares: arzobispo de Toledo, arzobispo de Sevilla). Sin embargo, del proyecto sólo llegaron a realizarse las esculturas en bronce de los duques de Lema.
Según leemos en el Viage de España de Antonio Ponz (1788): “En la misma pared (de la capilla mayor) está colocado un sepulcro de buena arquitectura, con la decoración de dos pilastras dóricas de mármol de mezcla y en el nicho dos estatuas de bronce arrodilladas, que representan a don Francisco de Sandoval, duque de Lerma, y su muger, obra excelente de Pompeyo Leoni”.
Para Matías Sangrador era un “bello sepulcro de piedra” que estaría debajo de las hornacinas con las estatuas orantes (Historia de la muy noble y leal ciudad de Valladolid desde su más remota antigüedad hasta la muerte de Fernando VII, Valladolid, Aparicio, 1851, tomo I, 471). Los datos claros son el lugar reservado, que era debajo de la capilla mayor y sobre los sepulcros (en las hornacinas que se conservan actualmente) la representación de los duques, esculturas hoy emplazadas en la capilla del San Gregorio. La descripción de Quadrado es esta:
“Donde tuvo mayor empeño el Favorito fue en el panteón que fabricó a la izquierda del presbiterio (…) en un nicho a manera de tribuna sostenido por pilares de mármol, se hizo representar de rodillas con su esposa Catalina de la Cerda; estatuas de bronce como las de Carlos V y Felipe II en El Escorial, valiéndose del mismo célebre escultor Pompeo Leoni; allí, en un subterráneo retrete debajo del pavimento, hizo su sepulcro”.
Según Julián Paz (El monasterio de San Pablo de Valladolid. Noticias históricas y artísticas sacadas de varios documentos, Valladolid, La Crónica Mercantil, 1897), los nichos de piedra y jaspe estaban situados a ambos lados de la capilla para las dos estatuas situadas en el lado del evangelio que fueron encargadas a Juan de Arfe y Pompeo Leoni, según el contrato-escritura para esculpir cuatro figuras y escudos. En el nicho de la epístola irían las estatuas del cardenal de Toledo y del arzobispo de Sevilla. Las estatuas fueron trasladadas por las leyes de incautación al Museo Provincial, siendo reclamadas por los Dominicos y por el patrono duque de Medinaceli.
A la anterior descripción, añade Quadrado, sin indicar la fecha en que se produjo, debe añadirse esta referencia que puede explicar la desaparición de los restos funerarios antedichos.
“Hubiera de profanarse su mausoleo y reaparecer a la luz sus huesos esparcidos y su cráneo destrozado, y pasar al museo (¿fue entonces?) las ilustres efigies cual anónimas y encontradizas antiguallas”.

Ahora bien, este dato (en el siglo XIX) choca con la ausencia de reclamación que, en su caso, pudiera presentar el duque de Medinaceli, como sucesor de Lerma, cuando en cambio sí lo hizo por otros motivos: ante el Ayuntamiento, por retirar varios pilares del atrio para dejar expedita la calla de Cadenas de San Gregorio; así como reclamar ante la Comisión de Monumentos porque el párroco de San Juan impide trasladar la sillería del monasterio de Belén (cf. Jesús María Palomares: “Vicisitudes del convento de San Pablo en el siglo XIX”, AD XXXI (2013),p. 268).
En años sucesivos prosiguen las obras, tanto en el claustro conventual –pinturas de Bartolomé de Cárdenas con historias de la vida de Santo Domingo y de la Orden: La quema de libros de los albigenses y el Bautismo de Santo Domingo (ésta estuvo hasta los años 1960 en el piso bajo del edificio central de la Universidad, entrando por la calle de Librería)– como en la iglesia, que sufraga el duque de Lerma o los frailes. En concreto, junto con la sillería del coro contratada a Velázquez y Beya en 1617, en 1622 se coloca en el coro un gran lienzo, del pintor Bartolomé de Cárdenas que representaba a la Virgen María amparando a la Orden de Santo Domingo (que recibió el nombre de “La Gloria”), en donde aparecía arrodillado el duque de Lerma vestido de cardenal.

 

Convento de San Gregorio

A pocos metros del convento de San Pablo, el año 1965 se levantó el Colegio menor Santo Tomás. Esta obra fue iniciativa de los frailes en su afán de servir a jóvenes de ambiente rural que deseaban realizar sus estudios en los institutos de la capital. Posteriormente se convertiría en residencia de estudiantes universitarios.

En esa residencia se instaló un nuevo convento dominicano acogido a la tutela de San Gregorio, nombre del antiguo Colegio, hoy convertido en Museo.

Este convento, que ocupó una mitad de los espacios del Colegio-Residencia en octubre de 1974, fue erigido el día 1 de octubre de 1970, por decreto del entonces Maestro de la Orden, Fr. Aniceto Fernández, en locales del Seminario Mayor de Valladolid para acoger a los frailes y al Estudio General e Instituto Superior de Filosofía que se trasladaban en esa fecha desde Las Caldas de Besaya (Cantabria) a Valladolid.

Desde 1974, el Instituto Superior de Filosofía, que primero fue agregado a la Universidad de Santo Tomás de Roma, quedó integrado en la Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia de Salamanca, y alcanzó su máximo esplendor en los años 1980-1985.

Posteriormente, sobre la base de dicho Instituto integrado en la Pontificia, se creó en el mismo edificio, en el Curso 1981-1982, el Instituto Superior de Ciencias de la Familia, y en 1992 su Centro OIKOS de terapia familiar. En el año académico 1993-1994 se creó también una Sección de la Universidad de la Experiencia promovida por la Junta de Castilla y León en la Universidad Pontificia de Salamanca, y hoy difundida por las otras Universidades como Programa Interuniversitario de la Experiencia.

En octubre de 2009, tras el Capítulo Provincial de Caleruega 2009, y secundando el Plan Provincial de Pastoral, fue erigido el actual convento de San Pablo y San Gregorio que unificó la misión de ambos conventos anteriores.

Desde entonces los frailes, formando un mismo convento y con actividades comunitarias comunes, permanecieron viviendo en ambos edificios. Ya habían cesado desde tiempo antes las actividades docentes de ambos Institutos; permanecían las de la Universidad de la Experiencia y algunas iniciativas formativas que la comunidad emprendió. En 2017 la disminución en el número de frailes residentes en el convento permitió que pudieran vivir en un solo edificio y en 2018 se hizo un nuevo arrendamiento de la residencia universitaria, esta vez del edificio completo, excepto algunos espacios que se reservó la comunidad conventual para su uso. Ante esa nueva situación, la Universidad de la Experiencia tuvo que trasladarse a un nuevo local en el que emprender el curso 2018-19.

 


 

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